-Bueno,
pero te la bancás adentro… Al mes salís-, dijo.
-Eh… No, un
año estás-, respondió Edgardo.
-No es tan
terrible-, insistía.
-No te
creas…- interrumpí. -Yo tengo un amigo que fue a uno privado, estuvo 2 semanas
y no podía más. Aunque tenga un jardincito, sigue siendo una cárcel, es la
situación lo que más te encierra-.
-Yo estuve
varias veces-.
De repente,
la conversación abandonaba la abstracción superada y pedante, propia de los
sectores “bien” cuando hablan de todo lo referido a la “marginalidad”.
–Es
terrible. Te tenés que escapar, como sea, sí o sí. Te atan con las sábanas, y
te cagan a patadas… ¡Pero mal, eh!- Como si hubiera una “buena” manera de que
te caguen a patadas…
-¿Qué me
estás diciendo? Se supone que es un lugar donde hay médicos, no policías.
-Son
bravos. Los camilleros son bravos.
-Yo me
escapé varias veces.
-Sí, es
fácil irse del Borda, ¿no? Yo ví unas cuantas veces a gente que se había ido.
-No, no.
Para nada fácil. Yo me iba desde las duchas. Tiraba la ropa para afuera y
pasaba desnudo por una ventana rota, me cortaba todo. Un par de veces me
agarraron, y me llevaban para la “unidad”.
-¿Qué es la
unidad?
-Una
especie de cárcel adentro. A los presos que están chapa los mandan ahí. Y ahí
sí, te pichicatean y te golpean hasta el cansancio-. La vista se le perdía de
un lado a otro cuando nos contaba. Le convidamos una seca. En general no fuma,
sólo para bajar, y eso no es algo que le guste hacer (puede pasar 3 o 4 días,
según dijo, despierto o dormido).
Yo ya sabía. Esta sociedad es asquerosamente
injusta. Somete a padecimientos insoportables. Hizo a nuestra especie inventora
del suicidio. Esclaviza a la gran mayoría de la población. “Enajena”,
deshumaniza, desintegra, sumerge, corroe, divide, aliena. Todo en beneficio de
una minoría parasitaria… Pero no… Nunca me hubiera imaginado algo como lo que
me contó después…
-Una vez
quemaron a uno vivo. En la autopsia salió que tenía todo el cuerpo quemado,
menos las manos: lo tenían agarrado de las manos, y la ducha hirviendo. Se
terminó muriendo. Se probó todo pero a los tipos los absolvieron, y siguieron
laburando…- se rascaba la cabeza nervioso. Entonces remató -No… Son salvajes. Es donde mandan todo lo que
no pueden ver, no pueden resolver, y tampoco pueden meter en cana.
¿Qué te pensabas?
A los locos nunca se nos trató bien.